1) Desde finales del Siglo XIX, aparecen algunos artículos y notas desde y sobre nuestra ciudad de Alajuela, en los que se llama la atención respecto a la "indiferencia" del alajuelense. Aunque, pienso que la generalidad no entiende el concepto de cultura, ese nulo interés por lo "público - local", por lo "citadino"; es producto de la cultura, construida artificialmente, desde 1868 por el gobierno central, con el claro interés de apocar la población alajuelense. Previo a ese año, gozaba de un profundo sentimiento de pertenencia, que defendía, con el fusil en la mano, cualquier intento de los gobiernos por despojarlos de lo que consideraban suyo (desde la imposición de nuevos impuestos, normativa, etc.).
El principal efecto, de la mentira de la "fundación de Alajuela", es la indiferencia hacia lo propio (todavía hoy, en pleno Siglo XXI, existen historiadores académicos que insisten en el "regalo de tierras" y "el establecimiento de Alajuela" por obra y gracia del Obispo Esteban Lorenzo de Tristán), en el sentido de que si "todo esto nos fue regalado"... ¿Para qué pelear? "¡Si no nos costó nada, que de lo publico, se encarguen los que están en lo público!"... (Antes de 1868, los alajuelenses eran actores de su propio destino).
Un ejemplo actual de la ya, más que centenaria indiferencia alajuelense: La estatua de Alejandro Morera Soto en el Parque Palmares.
Tristemente, nuestra ciudad de Alajuela, ha sido reducida a tres conceptos vacíos: "La Liga", "los mangos" y "los apodos". De esos, "la liga", es el único que mueve masas (todos conocemos "la marcha del ladrillo", les llenamos el estadio y recibimos los sopapos que felizmente nos recetan, etc.), tiene la afición más numerosa y organizada de la ciudad. Pero el monumento, al máximo exponente del fútbol vernáculo, está en un estado vergonzoso y el silencio es total.
Me pregunto ¿Por qué? Y me respondo: - Porque está en un sitio público que es parte de la ciudad, de lo urbano y eso "no es problema mío ni de la afición". Caso contrario, estoy seguro, que miles de hinchas, desde años atrás, habrían exigido el mantenimiento o ellos mismos, acudirían a limpiarla y buscar la forma de proveerle el cuidado, que se supone, merece el homenaje de quien dió su nombre al estadio y que, gracias a su corazón, se le endilgó el honroso mote de "La Catedral" (pienso, que hasta esto entra en la indiferencia local: es en la Catedral de nuestra ciudad, donde se sepultan los corazones de quienes se han considerado personajes importantes y que han cambiado la historia del país, misma dinámica llevada a cabo, con el órgano vital de Morera, dispuesto en el estadio).
El problema de fondo, no es pérdida de ninguna confianza (aunque apropiado en esta precampaña electoral), es cultural.
2) A la indiferencia, se le unió el trauma del golpe de Estado de 1948. Nuestra ciudad de Alajuela, comprendía un kilómetro cuadrado; espacio donde todo ocurría y todo tenía su espacio. En las escuelas y el Instituto, fueron creados instrumentos de protección psicológica (por los seres humanos que ahí se encontraban e interactuaban), determinados por el entorno polarizado y radicalizado, no hubo términos medios; sólo ganadores y perdedores.
Jamás hubo un proceso de reconciliación nacional y menos de búsqueda de la verdad.
Es evidente, que a partir de aquella época, los apodos cambiaron; se centraron en ridiculizar públicamente los defectos físicos e intelectuales "del otro". También, cada quien, se convenció de ostentar la verdad absoluta. Se consolidó, incluso hasta hoy, el ataque a la autoestima del prójimo, simplemente, para sentirse seguros y dueños de una pseudosuperioridad.
Además, el darwinismo social, se cimentó como práctica social aceptada y reconocida como "buen valor y medida de éxito".
Pero, lo que tiene que ver directamente con la circunstancia que me puso a escribir, son dos aspectos, también originados posterior al golpe de Estado de 1948:
a) El individualismo exacerbado, que, junto con la antigua indiferencia, sellaron el maridaje que hizo posible una década (diez años) de tener un excusado a cielo abierto, diagonal a nuestro Parque Central (realidad que aviesas intenciones aprovecharon, después de 10 años de silencio e inacción, para enquistarse y entorpecer la construcción del nuevo edificio municipal).
b) El olvido del pasado, traducido en la frase "si yo no lo viví, si yo no lo recuerdo; no existió". Resulta fácil, preguntarle a los adultos mayores ¿Qué había aquí? O ¿Quién vivía en tal casa? O cualquier pregunta relacionada con la ciudad de Alajuela, las respuestas siempre serán con conocimiento posterior a 1948.
Un ejemplo, el edificio que albergó el Cuartel de Armas de Alajuela y construido durante el periodo de Tomás Guardia fue, entre 1929 y 1940, demolido y reconstruido, por etapas. Nadie, "en la calle", tiene memoria de eso, preguntarle a los asiduos visitantes del Parque Central, responden sin dudas: ¡ese cuartel lo construyó Tomás Guardia! (No trascendió la historia de padres a hijos).
Tanto texto para tan poco tema... Pero, no es únicamente si tener un espacio abierto o cerrado. Es que, quienes tienen actualmente, poder de decisión, reflexionen sobre el alajuelense actual a la luz de lo creado artificialmente y de lo inculcado por los abuelos y padres de las nuevas generaciones (que, dichosamente muchos sienten curiosidad por conocer del pasado de Alajuela), a raíz de un trauma colectivo.
En mucho, las respuestas a las interrogantes sobre abstencionismo, nula o poca participación en "la cosa pública" y si esas causas se comprenden y se traducen en acciones, bien se podría recobrar la cultura primigenia, en la que los alajuelenses fueron dueños de su destino colectivo y de paso evitar que la dictadura Jaguarsh, se haga con el control de la municipalidad en el 2028.
Por cierto, para terminar; esa via de comunicación (que de "a callado", le cambiaron la naturaleza y ahora es un lote municipal más), es una de las vías más curiosas y antiguas de nuestra ciudad. Es "La Calle de San Miguel" y representa el desprendimiento de varios vecinos, que permitieron abrir esa trocha, para sacar los restos útiles del destruido Oratorio de San Miguel (Terremoto de setiembre de 1841) y trasladarlos a la "Colina del Calvario"; dónde pocos años después, fue levantada la Ermita del Señor de la Agonía (lugar donde inició las fiestas de "El Llano", su profunda tradición de "El Huerto" [La agonía de Jesús en el Huerto de Getsemaní, de ahí el nombre del templo] y la que hogaño conocemos como la antigua Ermita de El Llano).
Razones, por las que merece, ese espacio, conservar la memoria de muchos hechos generosos del pasado y que ahora son cultura vernácula olvidada, le sobran muros para pintar murales, le sobra área para transformarlo en atractivo cívico, cultural y turístico para propios y visitantes.
La Libertad, es la columna vertebral de la identidad alajuelense. Es detestable, que ese lugar permanezca cerrado (igual, la Fuente de Libertad, hay que abrirla a la niñez y juventud que estudia a su vera). Es obligación moral, facilitar el uso de la "Calle de San Miguel" (o el
Pasaje León Cortés, como gustéis llamarlo) sin intermediación burocrática (o mínima - los alajuelenses tenemos mucho de anarquistas en cuanto la acción individual), que los artistas se apropien del lugar (que por su desnivel, es un anfiteatro útil), muralistas, bailarines... Bien, podrían unir ese espacio a la programación del Teatro Municipal (si algún día llega a Ítaca...).
Igual destino de dignificación, merecen la Fuente de Libertad, el Parque General Fernández, el Parque Palmares...
Ronald Castro Fernández
Alajuela
12 de agosto, 2026
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